miércoles, 27 de junio de 2012

Buscando la armonía

Sábado, 14 de abril

         
            Pekín es una ciudad en la que confluyen todo el estrés del mundo capitalista y toda la armonía del taoísmo. Para encontrar un poco de calma y poder compensar la esquizofrenia colectiva basta ir a uno de sus muchos lagos y parques. Ningún lago en Pekín es natural, pero los emperadores se encargaron de crear canales y estanques lo suficientemente caudalosos como para poder navegar en ellos. Esta vez el objetivo se encuentra en el parque Bei Hai. Fue jardín imperial durante más de mil años y desde 1925 es parque público.



            Al fondo puede contemplarse el parque Jing Shan construido durante la dinastía Yuan (1279 – 1368). La colina, que es la única que se percibe desde Bei Hai se creó con la tierra del foso excavado alrededor del palacio del emperador ming Yongle. Este gobernador destaca, entre otros logros, por trasladar la capital de Nankín a Pekín en 1403. El parque estuvo comunicado con la Ciudad Prohibida durante siglos y su finalidad era protegerla de los malos espíritus procedentes del norte, que traen, según la mentalidad del Feng shui,  la muerte y la destrucción.



            El parque Bei Hai gira en torno al lago, y tiene una superficie de 69 hectáreas, 39 de las cuales están cubiertas de agua. Su creación data del año 938, durante la dinastía Liao. A medida que se fueron sucediendo los monarcas, el parque fue enriqueciéndose con pabellones, templos, y muros de dragones. Lo más destacable a primera vista es la Dagoda Blanca que ondea sobre la isla de Jade. Esta isla también fue erigida con el excedente de tierra extraída al hacer el lago. La Dagoda Blanca es una estupa edificada en 1651 cuando el quinto Dalai Lama vino a Pekín.



            Sin embargo, este locus amoenus podría convertirse en uno de tantos lugares placenteros si sus ciudadanos no lo hiciesen especial. Decenas de chinos se concentran por sus calles para hacer tai – chi, caminar con paso apresurado, o contemplar cómo la brisa mece los largos cabellos del sauce. A medida que me voy adentrando en sus secretos oigo con más claridad una música seguidamente de voces humanas que emiten sonidos ininteligibles. Mi sorpresa no tiene parangón cuando veo a un grupo de señoras reunidas en torno a un micrófono con sus altavoces correspondientes chillando a grito pelado algo que se asemeja a música. ¿Vergüenza de hacer el ridículo? Ninguna, felicidad plena de estar haciendo lo que les apetece. Al fin y al cabo es una diversión inocua para el resto de los ciudadanos salvo para nuestros selectos oídos. Todo es cuestión de armonía espiritual aunque a veces dicha armonía llegue a hacer callar hasta a los pobres pájaros que parecen haber huido ahuyentados por la música atonal. Yo hago también lo propio, y me voy alejando del ruido mientras me adentro en un mundo de templos, pabellones y árboles en flor.





domingo, 17 de junio de 2012

A la luz de El Bulli

Jueves, 12 de abril



            La vida es un universo de luces y sombras y de  escasas estrellas. Al igual que los planetas se mueven en su propia órbita, el ser humano recorre inconscientemente un único camino, una y otra vez. Sólo unos pocos rompen su elipse y se arriesgan a pensar. Se convierten entonces en astros, oscilantes unos, otros tenues,  pero brillando siempre por sí mismos. Este pensamiento va tomando forma mientras escucho las palabras directas de Ferran Adrià.



La casualidad hizo que esta tarde viniese al Instituto Cervantes. Al entrar en su biblioteca, descubrimos a un grupo de periodistas girando alrededor del gran chef. Nos informan de que hoy dará su conferencia en el centro, pero que es imposible asistir. Todo está completo. Vemos cómo le fotografían, y nos quedamos con la sorpresa de quien acaba de ver a un “famoso”, sonríe, y vuelve a su rutina. En este caso, hurgar en la filmografía, o perderse en los anaqueles de la biblioteca mientras dos de mis alumnos descubren la poesía de Juan Ramón Jiménez. La fortuna estaba de nuestra parte ese día; al irnos nos comentan que quedan cuatro plazas libres  y que podemos escucharle.

            Ferran Adrià es un hombre vitalista, positivo, y con una gran pasión. Es, además, y esto es lo que realmente me fascinó, un filósofo. Si nuestros cimientos occidentales desde los presocráticos se basan en el pensamiento, esto es lo que ha hecho Adrià. Pensar, ¿y qué piensa? En su profesión, la gastronomía. Y con las ideas ha innovado, y con éstas ha revolucionado el mundo de la restauración llevándonos a la vanguardia culinaria. En su conferencia destacó la importancia de la creatividad, del trabajo en equipo, y especialmente del riesgo que hay que correr si uno quiere llevar a cabo sus ideas. Adrià es uno de los pocos investigadores que es también empresario, y que ha tenido la visión, y la generosidad suficiente como para crear escuela. Hoy hay 2500 chefs repartidos por todo el mundo que han pasado por El Bulli. El estar en la vanguardia es una actitud ante la vida.  Quien quiera avanzar en su profesión, debe conocer su tradición, primero, y después, pensar. Y ésta es la enseñanza fundamental que nos ha dejado esta tarde Adrià: pensar.



            Si la vanguardia es estar en constante movimiento, siempre hacia delante, los nuevos proyectos del chef más famoso del mundo nos abrirán a una nueva dimensión: desde una Wikipedia especializada en gastronomía hasta un futuro museo o una fundación propia con fines investigadores. Los quinientos afortunados que puedan degustar su arte a partir del 2014 que no esperen encontrar una cocina complaciente. Al igual que la música clásica contemporánea no es fácil de escuchar, ni siempre entendemos la alta costura, o las nuevas tendencias de ARCO, la restauración de Adrià tampoco es cómoda. En La deshumanización del arte Ortega y Gasset hablaba del esfuerzo que exigían los nuevos movimientos artísticos. Y esto es lo que han hecho los grandes genios de la Historia. Nos provocan, estimulan nuestros sentidos y abren nuestra mente. Probablemente la comida de Ferran Adrián no nos guste  pero de lo que sí estoy segura es de que a nadie le dejará indiferente.





martes, 5 de junio de 2012

Un día puro, libre, alegre quiero…


Domingo 8 de abril



Llegó la primavera hasta la puerta grande y  ya la yerba

ofrece un verde de matices azulados.

Las flores rojas del melocotonero, aún no del todo abiertas,

forman pequeñas bolas.

Se han esfumado los ribetes de jade verde que tenían las

nubes, y ahora son nada más que jade blanco.

Quieto está el polvo.

Yo, en un sueño profético que es fácil de entender, rompí y

vertí una copa llena de primavera.

Pesa sobre las transparentes cortinas la sombra de las flores…

                                                           Li Ts’ing Chao

                                                           (s. XI – XII )  

       

            La primavera en Pekín llega sin avisar y dura apenas diez días. Casi imperceptible, la fresca brisa desaparece y las temperaturas suben de 10º a 25º C. Hoy el campus está lleno de árboles en flor y la contaminación parece, sólo parece, haberse tomado unas vacaciones. De hecho el sol está nítido, como un cuadro hiperrealista más que el cielo de Turner al que esta ciudad acostumbra; entre los sauces y los pinos brotan los árboles más bajos con un colorido de lunares, casi digno de una Feria de Abril. El manzano silvestre chino, tan pálido, compite con el ardiente melocotonero durazno formando todo un soneto de color, que me recuerda al lilio y clavel gongorino. Las lilas blancas, tan presumidas,  penden de los árboles y se dejan mecer por el aire mientras la flor tersa del ciruelo se aferra a las ramas como un bebé al pecho de su madre. A medida que me adentro en el campus el sonido del tráfico va desapareciendo y ganan protagonismo los pájaros. No sé que ocurrirá cuando el sol apriete y lleguen los insectos, pero hoy, la universidad está cerca de convertirse  en un auténtico locus amoenus.





jueves, 31 de mayo de 2012

Final o comienzo


Viernes, 6 de Abril



            La Universidad de Pekín (Beidá) celebra cada año la llegada de la primavera de una forma muy especial, con un festival, el Festival Poético de Weiming. Acompañados por la música que crean algunos de sus estudiantes, el Festival se organiza en el paraninfo y es todo un espectáculo. Los poetas jóvenes más renombrados llegan desde toda China: desde Shangai a Hong Kong e incluso el mismo Tibet. “Final o comienzo”, título que abre el festival,  reúne a poetas de la generación de los 70’ y de los 80’. A nuestra llegada,  los músicos ultimaban los preparativos del espectáculo y se adivinaba un ambiente festivo. Poco a poco, las butacas se fueron ocupando hasta que el auditorio quedó completo. Nunca había visto tal concentración de gente en un acto poético universitario. Encontrar a alguien en un sitio tan lleno suele ser una ardua labor, pero esta vez, no nos resultó difícil, nosotros no encontramos a los poetas, pero ellos sí que nos descubrieron a nosotras: ventajas de ser la única occidental entre una multitud asiática.


            Chen Yonghen, científico, músico, y poeta, Giao Xiaotao, con su verso tibetano, Zhon Zan y su arte de hacer teatro, Cheng Yang, Zeng Liand, Wang Donglong, Xiao Shui, desde el mismo Shangai, Ye Xiaoyang, Luo Zhan, el más joven de todos, Xu Yue con su Don Quijote o Yang Daguo, que ora nos lee sus  versos, ora toca la guitarra o le da vida a la filarmónica. Poco a poco, todos ellos fueron subiendo al escenario, alternando sus versos con una presentación de su poética. El momento  más emotivo se produjo cuando el poeta Hu Xudong rindió un homenaje entrañable a la recién fallecida Ma Yan. La joven poeta, estudiante como muchos de todos ellos de Beidá, no sólo participaba en el festival año tras año sino que también era su organizadora. Este Festival fue un homenaje, un largo epitafio donde se presentó por primera vez su antología póstuma. 

 Luo Zhan

            Muchos de vosotros os estaréis preguntando qué hacia yo entre tanto fonema imperceptible salvo que en tres meses hubiese aprendido chino, algo imposible, o de repente el oído y la mente se hubiesen abierto a este bello idioma en un milagro babélico. Lógicamente, ni lo uno, ni lo otro. Tenía la suerte de estar acompañada por una de mis alumnas, He Ying (Isabel) que iba traduciéndome el contenido más importante.  Sin embargo, cuando las palabras sobran, quedan los gestos, las actitudes, y esa simpatía recíproca que permitió que los poetas nos invitasen a cenar. Tuvimos la fortuna de sentarnos al lado de Zhu Zhu y de Sun Lei, e ir poco a poco elaborando la futura antología. La comida fue llegando y se organizó un auténtico festín. Una de las características del pueblo chino es que les gusta agasajar a sus invitados, y por eso, suelen pedir muchos alimentos, y disfrutar de la gran variedad de su gastronomía. Las mesas, situadas en habitaciones independientes del resto del comedor, tenían todas forma redonda, y en el centro, un gran círculo de cristal que giraba para que todos los comensales pudiesen ir degustando cada plato.

            Como la bebida principal no fue el té, sino  la cerveza autóctona Tsing Tao, poco a poco, se fue subiendo de tono, y muchos de ellos, comenzaron a cantar, se desenfundaron las guitarras, se afilaron las filarmónicas, y se organizó una auténtica fiesta. Pude sentirme como en casa, y comprobar, una vez más, el gran parecido existente entre el carácter chino y el español. Y como colofón a la fiesta, decidieron homenajear a España tocando y cantando una de las melodías estelares de la noche. Entonces, ya no me quedó más remedio que corresponder a tanta amabilidad, e intentar corresponder de la mejor forma que sabía. Pidiendo a uno de los músicos que  tocase algo de flamenco, y al ritmo de palmas, manos que ondulan y taconeo, decir: ¡olé, China!

De izquierda a derecha: Xu Yue, Xiao Shui, He Ying (Isabel), Yang Daguo, Catarina Valdés,
 Sun Lei, Zhu Zhu, Wang Donglong, Luo Zhan.


domingo, 27 de mayo de 2012

El jardín de la vista sublime


Miércoles, 4 de Abril

            Lo maravilloso de estar en una ciudad milenaria es el reencuentro con el pasado una y otra vez. En uno de mis paseos descubro una estatua de rostro firme y apacible, con un libro abierto en la mano. Con un porte de dignidad, el hombre está absorto en sus pensamientos, y hay en él una mirada melancólica y serena, incluso triste. Nada de esto nos extraña. El personaje vivió durante la dinastía Qing, en el siglo XVIII, proveniente de una familia de la nobleza, tan culta como decadente. El escritor del Quijote chino, al igual que nuestro Cervantes, pasó por vicisitudes y miserias llegando a necesitar incluso la ayuda de sus amigos. Orgulloso e independiente malvivió en las afueras de Pekín, escribiendo y viviendo los últimos años de su vida en lo que hoy se llama La casa de las hojas amarillas o Memorial de Cao Xueqin en el Jardín Botánico.  



            Sueño en el pabellón rojo  narra la historia de Baoyu, joven aristócrata de la familia Jia, y el amor que siente hacia su prima, Lin Daiyu. Sin embargo, es mucho más que una historia de amor. A lo largo de ciento veinte capítulos, ochenta escritos por Cao Xueqin, uno se adentra en la atmósfera de las familias aristócratas,  Xue, Shi, Wang, mientras el ambiente opresivo y bello va guiándonos hacia un mundo que se termina, en auténtico declive. Jia Baoyu es destinado a vivir en una de las estancias de la gran mansión conocida como “El jardín de la vista sublime”. Allí, rodeado de mujeres, pasa su infancia en un mundo idílico donde se fomenta el conocimiento y el intercambio de cultura. El gusto por lo nimio, por el pequeño detalle aproxima  la novela a la pintura flamenca del Renacimiento. A lo largo de más de dos mil páginas, van apareciendo personajes, y el lector llega a conocer la vida que transcurre de pabellón en pabellón en un mundo de señores y sirvientes que tan familiar le era al propio autor.


                                                                                        
                Como la vida de Cao Xuequin, que fue poco a poco haciéndose imperceptible, la figura que le representa pasa desapercibida al visitante que busca con ansiedad encontrar el paseo de los melocotoneros en flor. Sin embargo, la gran estatua medio oculta en un lado del jardín, nos recuerda que hay otro tipo de “vista sublime”. Basta con saber buscar esas páginas que al igual que su efigie nos miran,  y aguardan.




miércoles, 23 de mayo de 2012


Domingo, 1 de abril



            Mientras en España comienza a prepararse la Semana Santa, y muchos de los cristianos compran las palmas para celebrar el Domingo de Ramos, en Pekín todo indica que es un domingo más.  Yang me comenta que la primavera ya ha llegado y que uno de los mejores sitios para comprobarlo es el Jardín Botánico.



            La diferencia de moverte por Pekín tú solo, occidental sin poder disimularlo, o viajar con alguien del país es tan grande que hace que el mismo acto se convierta en una proeza en el primer caso, o en un hecho cotidiano, en el segundo. Me imagino  a mi misma intentando llegar al Jardín Botánico o Beijing Zhiwuyuan (北京植物园), al que sólo tienes acceso en autobús o en taxi. Si vas en este último es más fácil, pero coger el autobús es toda una aventura, especialmente porque las personas que te rodean son todas del país, que no hablan inglés en su mayoría, y porque todas las paradas están en caracteres chinos, es decir, que realmente no tienes ni idea de dónde podrás terminar.

            Para descontento de los lectores, esta vez ocurre el segundo caso y salvo la abundancia de tráfico y de gente, que aquí es lo rutinario, no ocurrió ninguna otra cosa digna de mención. Yang, tan amable, nos llevó en su coche y pudimos disfrutar una velada única comprobando, una vez más, el amor que siente este pueblo por sus árboles y su contenida naturaleza. Al igual que en las ciudades europeas, la han domesticado de tal forma, que todo en ella resulta agradable,  nada intimidatorio. Es la naturaleza al servicio del hombre, un lugar para la meditación, la tranquilidad, una especie de nuestro locus amoenus.



            El Jardín Botánico tiene a lo largo de sus 200 hectáreas varios invernaderos y diferentes tipos de jardines (el jardín de los cerezos, el jardín de las peonías, el de las hierbas medicinales tradicionales chinas…). Como el frío todavía nos acompaña, los únicos árboles en flor son los melocotoneros. Avanzas por las calles principales del Botánico y entre la multitud china, un palanquín en color rojo llama tu atención. No sé entonces si trasladarme a la época de las literas y los señores que nos describía Blasco Ibáñez en su obra China  o adivinar qué clase de espectáculo están representando. Me comentan que se trata de la imitación de una boda tradicional, y que hoy en día los jóvenes prefieren casarse más al estilo occidental. Es una lástima que lleguemos a la hora de su descanso, o quién sabe, tal vez los novios se lo hayan pensado mejor y hayan decidido desaparecer. Al menos, el palanquín no parece llevar mucho peso, y los músicos tampoco están muy animados.

            Seguimos nuestro paseo rodeados de árboles desnudos y por fin llegamos a un estanque, con su puente característico chino, y más adelante, a las riberas de un riachuelo donde la nieve parece haberse quedado estancada entre las ramas. El aroma de los melocotoneros en flor es una fragancia suave que deleita todos los sentidos. La tersura de sus pétalos, la belleza y perfección de la corola, y la esbeltez de sus filamentos  hacen de este árbol uno de los más cantados por los  poetas de este país. Hecho que no es de extrañar cuando pensamos que a Europa lo introdujeron los romanos a través de Alejandro Magno y éste lo trajo de su país de origen: China.











Mientras contemplo absorta tanta belleza me llegan las palabras de Li Ts’ing Chao:

           

            La lluvia tibia y el viento suave

            han liberado hoy por vez primera al sauce de los fríos

                        cristales de nieve.

            Me extasié contemplando los melocotoneros, y mis mejillas

            trascienden ya tímidamente la primavera de mi corazón […]

                                                                      

                                                               Li Ts’ing Chao (s. XI – XII)



domingo, 20 de mayo de 2012

MA YAN


Sábado, 31 de marzo

           

            MA YAN

De ti quedó la luna,

el gemido firme que se eleva

en la noche joven

de Pekín. De ti

quedó la brisa,

el alisio que en susurros

                        proclama

la verdad del sauce.

De ti, Ma Yen,

quedó el agua, palabra

que libre serpentea por lo cauces

recónditos del alma. De ti,

quedó la mujer,

encerrada en clepsidra

de hielo, eternamente joven,

            mirándonos siempre,

desde la oquedad oscura

donde cesan las estrellas.



Catarina Valdés

 


Ma Yan estudió Literatura china en la Universidad de Pekín, y era una de las promesas de la poesía contemporánea en este país. Antes de cumplir sus 30 años decidió desaparecer definitivamente y se fue tal y como un día había llegado, desde el silencio, a través de la huella imborrable de la palabra. Pocos meses después una de las mejores editoriales pekinesas publicaba su primera antología.

martes, 8 de mayo de 2012

Xu Yue

Miércoles, 28 de marzo




            Desde antes de venir a Pekín una curiosidad rondaba constantemente por mi cerebro. ¿Qué están escribiendo los poetas actuales chinos? ¿Difiere nuestra última poesía de la suya? ¿Habrán tenido algún debate sobre el devenir del verso al igual que en España en la década de los 90? Decido resolver la incógnita y comienzo a investigar las traducciones que habían llegado a nuestro país en las dos últimas décadas. El panorama no era desalentador. Antonio Colinas en un excelente artículo de El Cultural nos sitúa sobre las traducciones que ha habido en los últimos años. Reediciones de la clásica antología de Marcela de Juan;  Poesía clásica china, de Guojian Chen (Cátedra, 2001) o la Antología de poesía china de Juan Ignacio Preciado (Gredos, 2003). También en el 2008 la editorial Alianza edita Poesía popular de la China antigua,  traducida,  y anotada por Gabriel García-Noblejas.   Pilar González España realizó una interesante versión de los Poemas del río Wang, de Wang Wei (Trotta, 2004) y los poetas místicos, Bei Dao, Gu Cheng, Duo Duo y Yang Lian comienzan a ser traducidos y estudiados en nuestra lengua. Pero esto no atenuaba mi inquietud sobre la ultimísima poesía. Si la revista  Ficciones  había publicado en 1999 poemas de poetas jóvenes como Zhou Zan, Xiao Kaiyu,  o Xi Du una nueva generación de poetas, los que se denominan poetas de los 80, habían ya hecho su inmersión en el panorama actual de las letras chinas. Afortunadamente, iba a poder conocer personalmente a uno de los poetas que participaron en este número: Hu Xudong. Pero de momento, no adelantemos acontecimientos.
            La Universidad de Pekín es la más prestigiosa en Literatura China, y es un hervidero de jóvenes poetas. Y aquí es por dónde debíamos empezar. Una de mis alumnas de posgrado se muestra encantada con el proyecto, y pasa a ser mi intérprete y futura traductora. La investigación nos lleva a una de las promesas poéticas, Xu Yue, antiguo alumno de la universidad y probablemente profesor en ella cuando finalice su tesis doctoral. Xu Yue comienza a contarnos que en los años 90 hubo un gran debate sobre poesía china. Por un lado, se enfrentaban los poetas que entendían la poesía como una experiencia, con un lenguaje claro, frente a otros poetas, más oscuros y místicos, que no deseaban verter la cotidianeidad al verso. ¿A alguien le suena este conflicto?  



            En la actualidad la generación de los 80 se sirve de la poesía de la experiencia pero intentan darle un cariz más espiritual. Me explica y anota cuáles son los poetas más importantes en este momento así como aquella generación de los 70 que tanto les han marcado. Me insiste en que no se puede comprender esta nueva generación sin leer previamente a la anterior. Se muestra muy interesado con nuestro proyecto, y decide ponernos en contacto con los poetas que en la actualidad están haciendo buena poesía. Nos invita a asistir al Festival de Poesía que organiza el próximo 6 de abril y al que asistirán los mejores poetas jóvenes de todo el país. Quedamos de vernos antes de ese día, y conocer personalmente a sus maestros de los 70, Jiang Tao y a Hu Xudong.



Xu Yue, nació en 1983, y se define así mismo como poeta y ebrio. Se embriagó con el alcohol y la poesía después de entrar en la Facultad de Informática de la Universidad de Beijing en el 2001. Cuando tenía 19 años, se vio obligado a suspender sus estudios durante dos años por una depresión. En el  2003, regresa a la Universidad y  comienza en la Facultad de Filología China. Actualmente, mientras realiza su tesis doctoral, se dedica principalmente a la investigación de la poesía moderna y contemporánea de China, del gran escritor  Lu Xun y de la poesía modernista occidental.

En su primer año universitario, tradujo la obra de Eugene O'Neill Long Day´s Journey into Night publicada en la Editorial de Dongfang. Ha sido el coordinador del Festival de Poesía de la Universidad de Beijing desde su tercer año universitario. Ahora es editor de la revista de poesía Lago sin nombre. En el 2010 publicó la novela poética  Notas del pastoreo de noche. Sus poemas, novelas, críticas y traducciones han aparecido en numerosas publicaciones literarias.



                                                                                              (Traducción: Isabel)







《序曲》

为着每一个高傲的凯撒,我们都要寻找
一座新的罗马。
寻找:一个新的,吃美和男人的
克丽奥帕特拉年轻的面庞。





Versión en inglés traducida por Xu Yue:

Prelude

For every proud Caesar, we should look for

A new Rome;
Look for: a young face of Cleopatra which
Eats beauty and men.





Preludio

Para cada orgulloso César debemos buscar

una Roma nueva;

Buscar: un rostro joven de Cleopatra que

Devore  belleza y hombres.



不存在的骑士



你闭上眼
——耳中只有
巨兽咆哮的风暴。
——《堂·吉诃德》



阿伦索·吉哈达,你是否真的
感到懊悔?当想起那个有绿色的风吹过的清晨
(那个清晨杜尔西妮娅捧着牛奶走过村庄)
你洗净曾祖父的甲胄,为身下的战马想象不朽之名。



已经太久,自从战争战死;你已无法想起
你所抛在背后的无法确切的姓氏,你无法想起



那布满大地的箭和头盔,那巨人,那愤怒的灵魂的射程。
你并不记得,究竟是谁把火变得比火更加高傲:
是闻名遐迩的正义,还是伊比利亚田野爱欲的脂肪。



El caballero inexistente



Alonso Quijada, de verdad

¿sientes arrepentimiento?, recuerdas aquel amanecer de viento verde

(En el que Dulcinea pasó por el pueblo con un cántaro)

Limpiaste entonces la panoplia de tu bisabuelo, imaginando el honor inmortal  del caballo en la  batalla.



Hace ya  mucho tiempo que  la guerra quedó muerta; ya no  puedes recordar

el apellido incierto que dejaste atrás, ni  puedes acordarte



de las flechas y casquetes que revestían la tierra, ni del gigante ni del arranque furioso del alma.

No recuerdas quién creó el fuego más arrogante aún que él mismo:

O la anhelante justicia, o el  deseo infinito del campo ibérico.



                                                                 Xu Yue

                                                                 (Traducción: Isabel)

                                                                 (Versión: Catarina Valdés)




viernes, 4 de mayo de 2012

Chinalandia

Domingo, 25 de marzo


            Si uno tiene el propósito de visitar una zona de Pekín el mejor consejo es que coja directamente un taxi o vaya en metro, aunque la zona deseada bien pueda recorrerse a pie. El peligro está en callejear por sus calles, llenas de vida, que constituyen por sí  mismas todo un fotograma. Probablemente entonces, si decides pasear, nunca llegues a tiempo al lugar elegido. Para evitar tentaciones esta vez me voy en metro directamente a la zona de Qian Men. Lo primero que se ve es la Torre de la Flecha o Jian Lou.



            Jian Lou fue construida en 1439 y se caracteriza por sus 94 aspilleras desde las que se disparaban las flechas. Frente a ésta, se encuentra Qian Men Dajie.
            Esta calle comercial parece sacada de una película de Disney con estilo oriental. Los guardas a la entrada garantizan que ese mundo ideal no sea interrumpido por ningún imprevisto desagradable. Los barrenderos están constantemente limpiando el suelo, de forma que todo está tan impoluto que más semeja  una calle de Oviedo que la ancestral China. Las multinacionales Swatch, Sephora, Zara… no han querido desaprovechar este espacio idílico y, con sus fachadas de corte oriental, dan un toque de globalización a la zona. Este y Oeste conviven perfectamente en esta calle donde todo semeja un cuento de hadas.
            Como si de un perfume embriagador se tratase, también las gentes que recorren Qian Men Dajie parecen contentas. Todos son orientales y de repente, me veo entre una multitud asiática y tomo conciencia de que mi físico es diferente. Algunos piden hacerse fotos conmigo. Otros me sonríen y me dicen Hello. Y los hay más atrevidos, que te dicen Hi, Beautiful y que entonces comienzan a contarte su vida. En su mayoría, son turistas venidos de provincias que quedan deslumbrados ante tanto esplendor.



Yo sigo mi recorrido y no puedo evitar pensar que apenas dos calles más adelante mi amigo Cui Yong y su estupenda librería de viejo viven prácticamente en la miseria, y que los hutongs, con sus gentes humildes, comienzan en las mismas callejas que se abren en Qian Men. Creo que la auténtica china no está en esta calle, sino en los cientos de  callejones que se extienden a lo largo de este eje comercial.
            Entre los establecimientos que más llaman mi atención se encuentra una tienda de té, con una escultura a la puerta invitándote a entrar. Decido hacer caso omiso a la indicación y  me adentro en el local contiguo, una librería. Nada tiene que ver este comercio de Qian Men Dajie con la librería Zhengyang. Sus anaqueles llenos de libros, y la limpieza que se respira están acorde con la filosofía de toda la calle. Las gentes ojean las páginas y se quedan dentro a leer, sea de pie, o sentados en el suelo. Entre las obras recomendadas hay varios clásicos occidentales, y entre ellos, emerge una de mis novelas favoritas de la infancia: Las aventuras de Tom Sawyer, por supuesto, traducido al  chino.


            Como no hay ningún ejemplar que me interese en las lenguas que conozco, me ocurre algo excepcional: salgo de la librería sin haber gastado ni un solo céntimo de mi cuenta bancaria. Termino el recorrido de la calle y al cruzar la puerta de Jian Lou mi vista se estrella con la torre de Zhengyang Men. Ésta era la puerta más impresionante de las nueve que constituían la muralla interior de la Ciudad Prohibida. Su finalidad era separar los barrios imperiales de la Ciudad China. Sus sólidos muros fueron durante siglos el símbolo de un mundo inexpugnable, accesible tan sólo  a unos cuantos privilegiados o a unas cuantas víctimas. Si al frente de Zhengyang Men queda un mundo globalizado, una China que sueña con llegar a ser la primera potencia mundial, en sus sólidos muros se esconde el pasado, ese mundo que la princesa Der Ling nos narró de forma excelente los dos años que pasó al servicio de la última emperatriz, Tzu Hsi. El legado del pasado convive con la China  capitalista al igual que los hutongs  lo hacen con las calles de lujo, mirándose siempre unos a otros, a una prudente distancia, y en aparente armonía.





domingo, 29 de abril de 2012

Bajo la nieve

Sábado, 24 de marzo


            El clima de Pekín es tan extremo como imprevisible. Mientras los pekineses te comentan que este año el frío dura más de lo habitual, en la universidad los radiadores ya no queman. Me explican que a partir del día 15 cortan la calefacción en toda la ciudad  porque se entiende que ya estamos en primavera. Esta ley hiela mi sangre.  Para mí está frío, y las casas, sin unas horas de calor, se quedan gélidas. A medida que voy asimilando la mala noticia comienzo a imaginarme sentada horas sobre la mesa, trabajando con el abrigo, la bufanda y los guantes al mismo tiempo que haces avanzar las letras y  pies y  piernas se quedan sin circulación. Afortunadamente un hecho inesperado hizo que la norma este año se atenuase y que la calefacción fuese prorrogada por unos cuantos días más. Los suficientes para que la primavera irrumpa en Pekín y arrastre el viento septentrional mongol.
         Esta noche decidimos salir por la zona de Hou Hai donde me informan de que hay bares con música en directo. Vamos a uno de los locales y nos entretenemos escuchando las notas que salen de las guitarras acompañadas del sabor absorto de unos mojitos.  Llaman especialmente mi atención los gatos que duermen ajenos al ruido sobre los sofás. Si alguno de ellos se despierta, mira a su alrededor, elige dueño, salta de un sofá a otro y se va al encuentro de quien más le ha gustado con el deseo de echarse sobre sus rodillas y ser acariciado.



            Ellos sí que representan la verdadera armonía china. Al salir, nos encontramos con una grata sorpresa. Está nevando, y lo hace tan intensamente que todas las calles están ya cubiertas.


            El paisaje de Hou Hai se ha transformado totalmente. Intentamos no resbalar a través de la nieve y cuando dejamos la zona peatonal nos damos cuenta de que apenas existe tráfico. ¿Podremos encontrar un taxi que nos lleve a la universidad? Después de unos minutos de silencio absoluto, tenemos suerte y aparece un coche amarillo con luz blanca y azul. En el camino de vuelta no dejo de preguntarme si tendré o no calefacción en el apartamento. Cuando entro, corro hacia los radiadores y siento su calor. Al menos, esta noche, dormiré plácidamente.